El patito feo

Había una vez, hace mucho mucho tiempo, en un pueblecito muy muy lejano, un lago en el que vivían muchos patos.

En ese lago vivía una pata que puso 4 huevos. De los 3 huevos salieron 3 patitos marrones preciosos y un patito negro. ¡Qué patito más feo! Decían todos los patos cuando veían aquél patito negro. Le llamaron el patito feo. Todos los patitos jugaban juntos, menos el patito feo, con quién nadie quería jugar y siempre estaba triste. “No te preocupes” le decía su mamá pata, “no les hagas caso”.

El patito feo miraba su reflejo en el agua del lago y se veía a sí mismo, todo negro. Pasó el tiempo y el patito aprendió a volar. Llegó el invierno y aprovechó para irse a conocer mundo. Voló y voló y visitó muchos lugares, y conoció a muchos otros animalitos.

Al cabo de los años, decidió volver al lago donde había nacido para visitar a su mamá, pero al llegar, no le reconocieron. Todos se quedaron con los ojos abiertos al verle. El patito feo pensó que otra vez se burlarían de su fealdad, pero no fue así. Todos empezaron a comentar lo bello que era, y decidió volverse a mirar en el reflejo del lago.

Cuando se vio, vió a un precioso cisne blanco, ¡Ya no era feo! ¡Era precioso! Entendió que las personas cambian con el tiempo, y el tiempo lo había convertido en un ser muy hermoso y admirado. Y colorín colorado, este cuento ha acabado.